Cruceros por Panamá: 500,000 pasajeros en 2026
El muelle de Colón huele a diésel y a pintura fresca. Hay tres barcos atracados, uno de ellos tan grande que desde el aire parece un edificio acostado. Yo vengo bajando del cerro, con el cuaderno lleno de tierra, y me paro en la terminal a ver el desembarco. Un río de gente con gorras y sandalias baja por la rampa. El turismo de cruceros creció 21.6% este semestre y ya anda cerca de los 500,000 pasajeros. No es un dato de escritorio: se siente en el olor a bloqueador, en las filas de los baños, en los buses que suben a Portobelo con el aire acondicionado al máximo.
Yo no soy de cruceros. Soy de lancha, de hamaca y de madrugar. Pero el negocio se mueve y hay que contarlo desde adentro. Así que me metí al puerto, hablé con taxistas, con vendedores de artesanías, con un capitán de remolcador que se ríe de los barcos grandes. Esto es lo que vi.
El puerto que no duerme (y el que sí)
Colón sigue siendo el rey. Ahí atracan los barcos de Royal Caribbean, de Carnival, de Norwegian. La terminal 2000 tiene wifi, café caro y un grupo de señoras que venden molas a $15. Al lado, el puerto de Cristóbal recibe carga y cruceros pequeños. La temporada 2026-2027 pinta fuerte: ya hay reservas para más de 300 recaladas entre octubre y abril. Eso me lo dijo un funcionario de la Autoridad Marítima que no quiso dar su nombre porque no está autorizado a hablar. No confirmé el número exacto de barcos, pero la tendencia es clara.
¿Y el Pacífico? Ahí la cosa es distinta. Amador y Fuerte Amador reciben cruceros que vienen de California o de Sudamérica. El año pasado vi llegar el Zaandam de Holland America. La gente bajaba, tomaba taxi a Casco Viejo, compraba café Geisha y se devolvía. En cuatro horas. Eso no es turismo, es una selfie con sabor a prisa. Pero deja plata. Y mucha.
Las rutas que la gente realmente toma
Hay tres circuitos que se repiten. Los he visto desde el aire y desde el agua.
- Ruta del Caribe: sale de Miami o Fort Lauderdale, toca Colón, Cartagena y a veces Puerto Limón. Es la más común. Los pasajeros bajan en Colón, se van a la esclusa de Gatún, compran artesanías y vuelven al barco. Pocos se quedan a dormir.
- Ruta del Pacífico: de Los Ángeles o San Diego a Panamá, con parada en Amador. Aquí llegan barcos más pequeños, de lujo. La gente es mayor, camina despacio, pregunta por el canal.
- Ruta del canal completo: cruzar de océano a océano. Es la más cara y la más larga. He visto barcos haciendo fila en Gatún, esperando su turno. Desde el cerro se ve la fila de luces en la noche. Parece un collar.
Lo que casi nadie hace es bajarse en Colón y agarrar un bus a Portobelo. O a Isla Grande. Eso es un error. Pero no me hago el experto: cada quien viaja como puede.
Lo que cuesta de verdad (y lo que no)
Un pasajero de crucero gasta poco en tierra. Lo sé porque hablé con Doña Marta, que vende empanadas en la terminal de Colón. "Los gringos compran una empanada y un agua. Nada más. Algunos ni bajan", me dijo. El gasto promedio por pasajero en tierra anda por los $50-80, según me comentó un taxista. No es mucho. Pero multiplica eso por 500,000 y te da una idea.
Si vienes en crucero, esto es lo que gastas en un día en Colón:
- Taxi a la esclusa de Gatún: $20-30 ida y vuelta (regatea, siempre regatea).
- Entrada a la esclusa: $15 para extranjeros, $3 para panameños.
- Almuerzo en una fonda de Colón: $5-8. En la terminal: $12-15.
- Artesanías: desde $5 una pulsera hasta $80 una mola buena.
- Cerveza en el muelle: $3. En el barco: $8.
Si te quedas más de un día, la cosa cambia. Un hotel en Casco Viejo te sale $80-150. En Colón, $40-60. El transporte a Portobelo son $5 en bus, $60 en taxi. El crucero es barato; bajarse es lo que cuesta.
El sendero que nadie marca en Maps (pero deberían)
Cuando el barco se va, queda el silencio. Y el calor. Y los chitres. Yo me quedé una tarde en Portobelo después de que zarpara el Carnival Freedom. La gente del pueblo barre las calles, recoge los vasos plásticos, cierra los puestos. Doña Chía, que vende patacones frente al fuerte, me dice: "Ojalá se quedaran más. Pero se van. Siempre se van".
Ese es el problema del crucero: llega, consume, se va. Deja dinero, sí. Pero no deja tiempo. El turismo de cruceros crece, pero el turismo de tierra no. Y eso es una lástima, porque Panamá tiene mucho más que una esclusa y un centro comercial.
Desde arriba se ve la cicatriz del canal, esa línea de agua que parte el país. Pero abajo, en los pueblos, la vida sigue otro ritmo. Un ritmo que no cabe en cuatro horas.
Lo que haría distinto la segunda vez
Si yo fuera pasajero de crucero, no me quedaría en la terminal. Agarraría un taxi a Portobelo, aunque me cueste $60. Vería el fuerte de San Jerónimo, me comería un patacón con queso, me metería al mar en La Guaira. Volvería al barco con sal en el pelo y tierra en los zapatos. Eso sí es Panamá.
Si eres crucerista y tienes solo un día, esto es lo que no debes hacer:
- No te quedes en la zona duty-free de Colón. Es igual a cualquier aeropuerto.
- No compres el tour del barco si puedes hacerlo por tu cuenta. Cuesta el doble.
- No te lleves la toalla del barco a la playa. Se moja y pesa.
- No subestimes el sol. En Colón pega fuerte. Lleva agua.
Si tienes dos días, duerme en Portobelo. Hay posadas de $30-50. Pregunta por la de Doña Chía, frente al mar. No tiene página web, pero existe.
La temporada 2026-2027: lo que viene
La temporada arranca en octubre y se extiende hasta abril. Los meses más movidos son diciembre, enero y febrero. Ahí es cuando más barcos atracan en Colón y Amador. Si quieres ver el desembarco sin estar en un crucero, ve a la terminal de Colón un martes o miércoles. Hay menos gente que los fines de semana.
Los precios de los cruceros varían. Un interior de 7 noches por el Caribe sale desde $600-800 por persona. Con balcón, $1,200-1,500. Los que cruzan el canal completo cuestan más: $1,500-2,500. Eso incluye comida y entretenimiento, pero no los tours en tierra. Ojo con eso.
Yo no vendo cruceros. Solo cuento lo que veo. Y lo que veo es un país que recibe más barcos cada año, pero que todavía no sabe cómo hacer que esa gente se quede. O que vuelva. Porque el que se va en cuatro horas no vuelve. El que se queda una noche, sí.
La próxima vez que venga un barco grande, me voy a parar en el muelle a ver la cara de la gente cuando baja. Algunos sonríen. Otros tienen cara de "¿y esto es Panamá?". A esos les diría: no, esto no es Panamá. Panamá está a 40 minutos en bus. Pero el bus ya se fue. Y el barco también.
Así que si vienes en crucero, bájate. Camina. Pregunta. Come donde comen los que viven aquí. No te quedes en la terminal. El turismo de cruceros creció 21.6%, pero el turismo de verdad crece cuando te bajas del barco.
Nos vemos en la próxima marea. O en el próximo muelle. Yo ando por ahí, con el cuaderno lleno de tierra.