Tocumen reactiva vuelos tras el terremoto
Ayer el suelo se movió. No fue un temblorcito de esos que uno ignora mientras se toma el café. Fue un terremoto que sacudió a Panamá entero. Yo estaba en el patio de una fonda en Chepo, esperando unos patacones, cuando el piso empezó a vibrar. Las mesas brincaron. La señora que fríe los patacones, doña Elvira, se persignó. Y yo, con la boca llena, solo atiné a agarrarme del poste. Desde arriba, cuando vuelo, he visto cómo la tierra se abre como una cicatriz después de un temblor. Pero en tierra se siente distinto. Se siente en los pies, en el estómago, en el silencio que sigue. El Aeropuerto Internacional de Tocumen, el corazón que conecta a Panamá con el mundo, cerró sus pistas. Los vuelos se cancelaron. Los pasajeros quedaron varados. Y yo, que ando siempre con mi mochila al hombro, me quedé pensando en toda esa gente que de repente no podía ir a ningún lado. Hoy, después de horas de incertidumbre, Tocumen reactivó sus operaciones aéreas. Y como buen águila que sobrevuela este país, me fui para allá a ver con mis propios ojos cómo estaba la cosa. No soy de los que se quedan en la hamaca cuando hay algo que contar. Así que agarré mi cuaderno de campo, me subí a la camioneta y me fui para el aeropuerto.
El día que la tierra se movió
No voy a exagerar. No fue el fin del mundo. Pero fue fuerte. En la ciudad, los edificios se mecían como palmeras en brisa. La gente salió a las calles. Los celulares no paraban de sonar. Las alertas de tsunami sonaron en las costas. Y en Tocumen, los controladores aéreos tuvieron que suspender todo. Los aviones que ya estaban en el aire fueron desviados a otros aeropuertos. Los que estaban en tierra, no despegaron. Me contó un taxista, mientras me llevaba al aeropuerto, que su prima estaba en el vuelo de Miami que tenía que aterrizar a las 10 de la mañana y terminó en San José. "Se pegó un susto la pobre", me dijo. "Pero bueno, mejor eso que un susto mayor". Yo asentí. En Panamá, uno ya sabe que la naturaleza manda. Y Tocumen, con todo su hormigón y sus vidrios, también se doblega.
Tocumen: el pulmón que conecta a Panamá
Para los que no son de aquí, Tocumen no es solo un aeropuerto. Es la puerta de entrada al país. Por ahí pasan millones de pasajeros al año. Es el hub de Copa Airlines, que vuela a un montón de ciudades de América. Si Tocumen se para, Panamá se queda sin su principal conector. Por eso, cuando el terremoto obligó a cerrar las pistas, no fue solo un problema de vuelos cancelados. Fue un golpe al comercio, al turismo, a la gente que vive del aeropuerto. Los hoteles cercanos se llenaron de pasajeros varados. Los restaurantes de la terminal, algunos con las vitrinas rotas por el temblor, atendían como podían. Los empleados del aeropuerto, muchos con sus casas también afectadas, igual se presentaron a trabajar. Eso es lo que no se ve en las noticias. La gente que, a pesar del susto, sigue tirando pa'lante.
Lo que vi cuando llegué a la terminal
Llegué a Tocumen como a las 2 de la tarde. El sol pegaba duro. El asfalto del estacionamiento estaba agrietado en un par de partes. Adentro, el aire acondicionado no daba abasto con tanta gente. Había colas largas en los mostradores de las aerolíneas. Pasajeros con cara de cansancio, algunos durmiendo en el suelo con sus maletas de almohada. Una señora de unos 60 años, con acento venezolano, me contó que llevaba 18 horas esperando. "Me tocaba volar a Caracas ayer", me dijo. "Pero bueno, aquí estoy, con mi bolsito y mi paciencia". Le ofrecí un poco de agua. Me dijo que no, que ya había tomado. Que lo que quería era que su vuelo saliera de una vez. Los panameños, en cambio, nos lo tomamos con más calma. Un grupo de muchachos jugaba cartas en una esquina. Una familia compartía una bolsa de hojaldres. El personal del aeropuerto repartía galletas y jugos. No era el caos que uno esperaría. Era más bien una resignación colectiva. Como cuando llueve en el campo y toca esperar a que escampe.
La reactivación: vuelos que vuelven a volar
A eso de las 4 de la tarde, anunciaron que las operaciones se reanudaban. Un aplauso se escuchó en la terminal. No fue un aplauso eufórico, sino uno de esos que salen del alma. Los primeros aviones en despegar fueron los de carga, para llevar suministros a las zonas afectadas. Luego siguieron los vuelos comerciales. Vi cómo un avión de Copa rodaba por la pista. La gente en la sala de espera se pegó a los vidrios. Una niña pequeña señalaba con el dedo. "Mira, mami, ya se va". La madre sonreía. Yo también sonreí. No porque me gusten los aviones, sino porque ver esa máquina levantando vuelo significaba que algo volvía a la normalidad. Los empleados de la terminal, con sus chalecos reflectivos, corrían de un lado a otro. Los pilotos, con sus maletas, caminaban hacia las puertas de embarque. Todo el mundo quería irse. Y yo, desde mi rincón, tomaba notas. Porque esto también es Panamá. La capacidad de levantarse después del temblor.
Lo que aprendí del terremoto (y de Tocumen)
No soy geólogo ni ingeniero. Pero algo aprendí. Primero, que Panamá está en una zona sísmica y hay que estar preparado. Segundo, que Tocumen, a pesar del susto, respondió bien. Los protocolos funcionaron. No hubo accidentes. Tercero, que la gente es lo que importa. Los pasajeros varados, los empleados, los taxistas, los vendedores de café. Todos pusieron su granito de arena. Si algo me queda claro, es que este país no se raja. Y que el aeropuerto, aunque sea un lugar de paso, también es un lugar de encuentro. Ahí se despiden familias, se reciben abrazos, se cierran negocios. Por eso, cuando Tocumen reactivó sus operaciones, no fue solo una noticia técnica. Fue una señal de que seguimos aquí, firmes.
Si te toca un vuelo después de un temblor
No es algo que uno planee, pero pasa. Así que aquí van unos consejos de alguien que acaba de vivir la experiencia:
- Lleva agua y comida: En la terminal pueden pasar horas sin que puedas comprar nada. Unas galletas y una botella de agua no pesan.
- Carga tu celular: Los enchufes se llenan de gente. Si tienes batería portátil, mejor.
- Pregunta en los mostradores: A veces la información en las pantallas no se actualiza. Habla con el personal de la aerolínea.
- No pierdas la calma: El estrés no ayuda. Si te toca esperar, busca un rincón, ponte cómodo y respira.
- Ten un plan B: Si tu vuelo se cancela, averigua si puedes cambiarlo o si hay hoteles cercanos. La terminal tiene áreas de descanso, pero se llenan rápido.
- Sé amable con el personal: Ellos también están haciendo su trabajo bajo presión. Una sonrisa no cuesta nada.
Lo que haría distinto la próxima vez
La próxima vez que viaje, voy a revisar el clima y los reportes sísmicos antes de salir. No para cancelar, sino para estar preparado. También llevaré una mochila más ligera. Y una hamaca, por si toca dormir en el aeropuerto. No, mentira, no voy a dormir en el aeropuerto. Pero sí llevaré una almohada de viaje. Y un libro. Porque esperar sin nada que hacer es lo peor. Otra cosa: voy a llegar con más tiempo. No por el terremoto, sino porque Tocumen siempre está lleno. Y después de un evento así, más. Así que si tienes un vuelo pronto, sal con tiempo. No sabes si la tierra va a temblar de nuevo. Y si tiembla, ya sabes que Tocumen se reactiva. Como Panamá entera.
La próxima vez que vuele, voy a mirar por la ventana y pensar en esto. En la gente que esperó, en los que trabajaron, en los que volaron. Y en la cicatriz del río que se ve desde arriba, esa que el terremoto quizás hizo más profunda. Pero aquí seguimos. Con nuestros patacones, nuestro calor y nuestras ganas de seguir volando. Nos vemos en la próxima escala.