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Planificación

Panamá y Singapur: inversión con sabor a mar

Aterricé en el Aeropuerto Internacional de Tocumen con el sol pegándome en la nuca. Venía de cubrir un viaje por el Darién, con la ropa todavía oliendo a humedad y barro. Pero esta vez la misión era distinta: Panamá promociona oportunidades de inversión ante empresarios de Singapur. Y yo, como buen águila que sobrevuela el país, quería ver de cerca qué hay detrás de los titulares. Así que me metí en el salón donde se reunieron. No había lancha ni hamaca, pero el calor era el mismo. Y el olor a café, también.

El evento: corbatas, aire acondicionado y ganas de cerrar tratos

El encuentro fue en un hotel de la capital, uno de esos con alfombra gruesa y ventanales que reflejan el skyline. Llegué temprano, como a las 8:30, y ya había gente con maletines y tarjetas de presentación. Los empresarios de Singapur —unos veinte, calculo— escuchaban atentos. Del lado panameño, funcionarios del Ministerio de Comercio e Industrias, representantes de la Zona Libre de Colón, del Canal, y algunos inversionistas locales. La promoción de inversiones fue el plato fuerte. Hablaron de logística, de puertos, de energía, de turismo. Yo tomaba notas en mi cuaderno de campo, ese que siempre llevo con las esquinas dobladas.

Lo que más me llamó la atención fue el énfasis en la posición geográfica. Panamá como hub de las Américas. Singapur como hub de Asia. La conexión es obvia. Pero no todo es color de rosa. Un empresario singapurense, con acento británico y camisa impecable, preguntó por la burocracia. La respuesta fue diplomática: "estamos trabajando en eso". Yo pensé en las veces que he tenido que hacer filas en ventanillas para un permiso de pesca. Ojalá que sí.

Oportunidades de inversión que se ven desde arriba

He volado sobre Panamá muchas veces. Desde el aire, el país se ve como un rompecabezas: el Canal, los puertos de Balboa y Cristóbal, la Zona Libre de Colón, los parques industriales, las fincas. Las oportunidades de inversión están regadas por todo el mapa. Pero hay que bajar y caminar para entenderlas.

Por ejemplo, la logística. Panamá tiene el Canal, sí, pero también tiene el ferrocarril, carreteras, y una posición que te permite llegar a mercados de América Latina en días. Los singapurenses saben de eso. Ellos manejan uno de los puertos más eficientes del mundo. Aquí podrían aportar tecnología y know-how. Me contó un ingeniero panameño que trabajó en Singapur que allá los procesos portuarios son casi automáticos. "Aquí todavía usamos papel", me dijo, medio en broma. Pero no tanto.

Otra área es el turismo. No el de sol y playa, sino el de naturaleza. Yo he recorrido el Camino de Cruces, he subido al Volcán Barú, he navegado por el Golfo de Chiriquí. Hay potencial para inversiones en eco-lodges, en tours de avistamiento de aves, en infraestructura para recibir cruceros pequeños. Pero falta inversión en caminos, en señalización, en capacitación. Un empresario de Singapur me preguntó por la seguridad en las áreas rurales. Le dije la verdad: depende. Hay zonas tranquilas y zonas que no. Como en todo.

Lo que no te cuentan en las reuniones con corbata

Después del evento, me fui a caminar por el Casco Antiguo. Necesitaba bajar la adrenalina de tanto PowerPoint. Me senté en una fonda a comer un sancocho de gallina. La señora que atendía, doña Marta, me preguntó que de dónde venía. Le conté que de un evento de inversiones con singapurenses. Se rió. "¿Y esos van a invertir aquí?", me dijo. "Ojalá, porque aquí lo que hace falta es trabajo".

Esa es la otra cara. La inversión extranjera no siempre llega al pueblo. Los grandes proyectos generan empleo, sí, pero a veces son empleos temporales o especializados. La gente de las comunidades necesita oportunidades más directas. Por eso, cuando escucho promocionar Panamá como destino de inversión, pienso en doña Marta y en su fonda. ¿Llegará algo de eso a su barrio?

No todo es pesimismo. Hay ejemplos de inversiones que sí han dejado huella. El turismo comunitario en Guna Yala, por ejemplo. O las cooperativas de café en Boquete. Pero son iniciativas más pequeñas. Los grandes capitales van a lo seguro: puertos, energía, bienes raíces. No está mal, pero hay que diversificar.

Si vienes a invertir, pisa el barro primero

Los empresarios de Singapur que vinieron a este evento deberían hacer algo más que visitar oficinas. Les recomendaría que se suban a un 4x4 y se vayan a conocer el interior. Que duerman en una hamaca, que coman patacones en un puesto de carretera, que hablen con la gente. Así se entiende de verdad el país.

Yo he aprendido que Panamá no es solo el Canal. Es la señora que vende frutas en el mercado de David, es el pescador que sale a las 4 de la mañana en Pedasí, es el guía que te lleva por senderos que no están en Maps. Si quieren invertir en turismo, por ejemplo, tienen que saber qué buscan los viajeros. No es solo playa. Es autenticidad, es naturaleza, es cultura. Y eso no se compra con un contrato, se construye con respeto.

La inversión con impacto social es posible. Pero requiere paciencia y conocimiento local. No se trata de llegar con un cheque y esperar resultados en un año. Hay que sembrar, como el café. Y eso toma tiempo.

Los números de la inversión: entre el optimismo y la letra pequeña

En el evento se habló de cifras. No las apunté todas, pero recuerdo algunas. Panamá recibió en 2023 alrededor de $1,500 millones en inversión extranjera directa, según datos oficiales. No es malo, pero está por debajo de otros países de la región. Singapur, en cambio, invierte mucho en el extranjero. Tienen fondos, tienen empresas con experiencia global. La oportunidad está ahí.

Pero también hay obstáculos. La corrupción, la burocracia, la inseguridad jurídica. Un abogado panameño que estaba en el evento me dijo que los contratos a veces no se respetan. "Depende del gobierno de turno", me confesó. Eso asusta a cualquier inversionista. Los singapurenses son conocidos por su eficiencia y transparencia. Si vienen aquí, van a querer reglas claras.

El gobierno panameño promete mejoras. Hablaron de ventanilla única, de digitalización, de incentivos fiscales. Ojalá. Porque si no, los capitales se irán a otros países. Y Panamá seguirá esperando.

Lo que haría distinto la segunda vez

Si vuelvo a cubrir un evento así, me llevaría una grabadora. Se me perdieron varias frases por andar escribiendo a mano. También me quedaría hasta el final del cóctel, porque ahí es donde se cierran los tratos de verdad. Y llevaría tarjetas de presentación, aunque yo no sea inversionista. Nunca se sabe.

Pero sobre todo, me gustaría ver a más mujeres y a más gente joven en esas reuniones. La mayoría eran hombres de traje. Panamá es diverso, y la inversión debería reflejar eso. Hay emprendedoras, hay innovadores, hay gente con ideas. Solo necesitan una oportunidad.

El futuro se cocina a fuego lento

Mientras salía del hotel, el sol ya estaba bajando. La ciudad se veía dorada, con los edificios brillando. Pensé en Singapur, a 19 horas de vuelo. Tan lejos y tan cerca en intereses. Panamá quiere atraer su inversión. Singapur busca expandirse. El matrimonio tiene sentido. Pero como todo matrimonio, requiere trabajo, comunicación y confianza.

Yo, como águila, seguiré volando. Y contando lo que veo. Si algo aprendí de este evento es que Panamá tiene mucho que ofrecer, pero también mucho que arreglar. La promoción está bien. Ahora falta que las oportunidades lleguen a todos. Hasta a doña Marta, que sigue friendo patacones en su fonda del Casco. Si vienes a invertir, pásate por ahí. Te aseguro que aprendes más que en cualquier sala de conferencias.

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