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Panamá: el mejor país para el retiro de norteamericanos

Panamá: el mejor país para el retiro de norteamericanos

Aterricé en Tocumen un martes a las 2 de la tarde. El calor te pega en la cara como una toalla mojada. Afuera, una fila de taxistas con camisetas empapadas de sudor. Entre ellos, un gringo de unos 70, shorts caqui, gorra de los Yankees, espera su turno con una sonrisa de oreja a oreja. Me dice: "Amigo, llevo seis años viniendo y este año por fin me mudo". Le pregunto por qué Panamá. Se ríe. "Porque aquí puedo vivir con mi pensión sin que me falte nada". Esa frase me quedó dando vueltas. Y como buen águila que sobrevuela este istmo, decidí bajar, caminar y averiguar de primera mano por qué los norteamericanos eligen Panamá para retirarse.

El mejor país para el retiro: lo que dicen los números (y lo que no)

No soy economista, pero sé leer un recibo de luz. En Boquete, un pueblo de montaña en Chiriquí, conocí a Tom, un exmaestro de Ohio. Vive en una casita con vista al Volcán Barú. Paga $450 de alquiler. "En Florida pagaba el triple por un apartamento con cucarachas", me dice mientras se ríe y me ofrece un café de la región. El café es fuerte, casi como un golpe en la nuca. Tom tiene una pensión del magisterio que en Estados Unidos no le alcanzaría para mucho. Aquí vive bien. Come bien. Y hasta se da el lujo de tener una muchacha que le limpia una vez por semana.

El famoso programa de pensionado de Panamá existe desde hace décadas. No es cuento. Te da descuentos en salud, en vuelos, en cines, en restaurantes. Unos $3-5 menos en la consulta médica. No es que te haga rico, pero ayuda. Y para un jubilado que quiere estirar sus dólares, eso cuenta. La visa de pensionado es un imán. Pero ojo: no es automático. Hay que hacer trámites, papeles, abogados. Nada es gratis en la vida, ni siquiera retirarse en Panamá.

El sendero que nadie marca en Maps: la vida real en Boquete

Desde arriba, Boquete se ve como un pañuelo verde arrugado. Bajando, el aire se vuelve fresco, húmedo. Huele a tierra mojada y a flores que no sé nombrar. El pueblo tiene una calle principal con cafés, ferreterías y un supermercado donde ves más canosos que en una reunión de veteranos. No es coincidencia. Aquí se instaló una comunidad de expatriados que lleva años. Hay un club de jardinería, un grupo de senderismo, hasta una feria de productos orgánicos los sábados.

Caminando por el sendero que sube hacia Los Quetzales, me topé con Linda, una mujer de Texas que lleva ocho años en Panamá. "Al principio extrañaba el pan de molde y el aire acondicionado", confiesa. "Ahora no cambio esto por nada". Me cuenta que lo que más le gusta es que puede caminar sin miedo. Que la gente la saluda. Que el médico le cobra $30 la consulta y le da su celular por si acaso. "En Dallas eso no pasa", sentencia.

Pero no todo es color de rosa. La lluvia. Ay, la lluvia. En Boquete llueve como si alguien hubiera abierto una compuerta. Me agarró un aguacero en plena caminata. Terminé empapado hasta los huesos, con barro en las botas y un frío que no esperaba. Los gringos que viven aquí te dicen: "Es la temporada verde". Y se ríen. Pero también te advierten: "Compra un buen impermeable y botas de goma". La humedad es el precio de la vista.

Cuánto cuesta llegar a X de verdad: el bolsillo del jubilado

Hablemos de plata. Porque de eso se trata. Un norteamericano promedio que se retira en Panamá puede vivir con unos $1,500 al mes, dependiendo de dónde se meta. En la ciudad, un apartamento amueblado en un área decente te sale en $800-1,200. En el interior, mucho menos. La comida no es carísima si compras en el mercado local. Un almuerzo en una fonda te cuesta $3-5. La cerveza, $1.50. El cine, $5 con descuento de pensionado.

Pero hay gastos que no ves venir. El aire acondicionado en la ciudad te dispara la factura de luz. El carro es casi imprescindible si vives fuera de la capital. Y los trámites migratorios pueden costar varios cientos de dólares entre abogados y tasas. No todo es tan barato como pintan. Conocí a un canadiense en Pedasí que se quejaba de que el seguro del carro le costaba más que en su país. "Pero el pescado es fresco y la playa está a cinco minutos", agregaba, encogiéndose de hombros.

Lo que sí es cierto es que el sistema de salud público es accesible, y el privado es mucho más económico que en Estados Unidos. Un seguro médico privado para un jubilado puede costar entre $100 y $300 al mes, dependiendo de la edad y la cobertura. No es gratis, pero comparado con las primas gringas, es un alivio. Eso sin contar que muchos medicamentos se consiguen sin receta y a buen precio. "Aquí me compro la metformina por $5", me dijo un señor en David. "En Miami me costaba $50".

Vivir en la ciudad vs. el interior: dos Panamás para retirarse

La capital es otra cosa. Ruido, tráfico, edificios. Pero también tiene hospitales de primer nivel, restaurantes, teatros, vuelos directos a Miami. Muchos jubilados eligen vivir en áreas como Punta Pacífica o Costa del Este, donde hay comunidad de expatriados y servicios en inglés. El costo de vida sube, claro. Un apartamento con vista al mar puede costar $2,000 o más. Pero tienes todo a mano.

En cambio, en lugares como Coronado, a una hora y media de la ciudad, encuentras playa y tranquilidad. Hay una comunidad grande de norteamericanos. Supermercados con productos importados. Campos de golf. Y un clima seco, lejos de la humedad de la montaña. Allí conocí a un matrimonio de Carolina del Norte que se mudó hace tres años. "Nos gusta que podemos ir a la playa en la mañana y estar en la ciudad para almorzar", me dijeron. Eso sí, el tráfico en la interamericana puede ser un dolor de cabeza. Cada lugar tiene su precio.

Lo que haría distinto la segunda vez: errores de recién llegado

Si algo aprendí de tanto charlar con jubilados es que la primera vez siempre se cometen errores. Alquilar sin ver el barrio de noche. No preguntar por el agua potable. Comprar un carro sin aire acondicionado. Cosas así. Un señor en Las Tablas me confesó que se mudó en temporada seca y cuando llegaron las lluvias, la casa se le inundó porque no revisó el drenaje. "Ahora sé que hay que preguntar por todo", dijo.

Aquí van algunos consejos que recogí:

  • Ven en temporada de lluvias antes de decidir. Así ves lo peor del clima.
  • Alquila primero por seis meses. No compres hasta conocer bien la zona.
  • Aprende español básico. No es obligatorio, pero te abre puertas y te gana sonrisas.
  • Consulta con otros expatriados en foros o grupos locales. Ellos ya pasaron por lo que tú estás pasando.
  • No subestimes la burocracia. Los trámites pueden ser lentos. Ten paciencia.

La comunidad que se forma: de gringos a panameños por adopción

Una cosa que me sorprendió es lo integrados que están algunos. No todos viven en burbujas de expatriados. En Pedasí, un pueblo de pescadores en la península de Azuero, conocí a un exmarine que ahora tiene una fonda de comida típica. Habla español con acento de la región y se sabe todos los nombres de sus vecinos. "Aquí no soy el gringo", me dijo. "Soy el dueño de la fonda". Su historia no es la única. Hay quienes se meten a voluntarios en escuelas, quienes abren hostales, quienes se dedican a la jardinería.

Eso sí, la comunidad expatriada también tiene sus mañas. Hay grupos de WhatsApp donde se pelean por todo. Desde el precio de los aguacates hasta la política. Pero en general, la gente es amable y se ayuda. En Boquete, por ejemplo, hay una feria de salud gratuita una vez al mes para jubilados. Y en Coronado, un grupo de señoras organiza torneos de cartas y salidas a restaurantes. La soledad no es opción si no quieres.

El factor Panamá: por qué aquí y no en Costa Rica o México

Muchos me preguntan por qué Panamá y no otros países. La respuesta es simple: el dólar. Panamá usa el dólar estadounidense desde 1904. Eso significa que no hay riesgo cambiario para los jubilados que reciben su pensión en dólares. No tienes que estar pendiente del tipo de cambio. Es un alivio. Además, la infraestructura es buena. Hay carreteras decentes, internet de fibra óptica en muchas zonas, y vuelos directos a varias ciudades de Estados Unidos.

Y luego está la geografía. En un mismo día puedes estar en la playa y en la montaña. Desde la ciudad, manejas una hora y estás en la selva. Dos horas y estás en el Pacífico. Eso sin mencionar que Panamá está fuera del cinturón de huracanes. No hay temporada de huracanes como en Florida o el Caribe. Hay lluvias, sí, pero no ciclones. Eso es un gran punto a favor para muchos.

Mi recomendación de águila: pruébalo antes de empacar

Si estás pensando en retirarte en Panamá, no te lances a lo loco. Ven, alquila un carro, recorre. Habla con gente. Pasa una temporada de lluvias. Come en fondas. Sube a un bus. Siente el calor y el barro. Porque Panamá no es para todos. Pero para los que se adaptan, es un lugar donde la vida te rinde más. Como me dijo Tom en Boquete: "Aquí no me sobra el dinero, pero me sobra vida". Y eso, al final, es lo que cuenta. Nos vemos en la próxima marea.

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